Raimundo Gregoire Delaunoy | 16 de abril de 2026
Hace algunos años, no muchos, cuando se hablaba sobre los grupos terroristas -tal cual ocurría con otros temas, como la corrupción y la inseguridad-, parecía que los ataques estaban demasiado lejos de la realidad chilena y que, afortunadamente, solo los podíamos ver a través de lo que pasaba en otras partes del mundo. En paralelo, existía un cierto orgullo por ser una “excepción” en la región, algo que, año tras año, ha ido cambiando.
Así es, pues Chile ocupaba el puesto 63 en el “Índice Global de Terrorismo” publicado en 2017, mientras que en 2020 ya se había metido en el grupo de los 50 países más amenazados por este tipo de violencia. Peor aún, en 2022 ya aparecía en lugar 18 y, desde entonces, se ha mantenido entre los 30 primeros del mencionado listado. Aunque se puede apreciar una leve mejora (Chile estaba 17 en 2024, 21 en 2025 y 25 en 2026), lo concreto es que Chile está en una complicada posición. Por ejemplo, el top 30 del Índice de Terrorismo Global -que por medio del estudio de cuatro variables (incidentes, muertes, heridos y rehenes) mide el impacto del terrorismo- está integrado, prácticamente en su totalidad, por países africanos y asiáticos azotados por inestabilidad política, conflictos sociales o guerras. Las excepciones son Colombia (9°), Rusia (17°), Chile (27°), Estados Unidos (28°) y Alemania (29°), confirmando el complejo escenario de la realidad chilena.
Al respecto, durante 2025, en Chile se contabilizaron 22 incidentes y tres heridos, lo cual le significó recibir el rótulo de “impacto medio” (tercera categoría, tras “muy alto” y “alto”). En este sentido, es necesario consignar que una sola medición no permite establecer un juicio categórico y que, por ende, nadie podría asegurar que Chile está dominado por el terrorismo o que la situación de la seguridad está por el suelo. Sin embargo, los datos tampoco mienten y muestran tendencias. En el caso chileno, desde el estallido social -habrá que definir, basándose en estudios, si es una simple coincidencia o una natural consecuencia- los números (en este índice) empeoraron y Chile está lejos de ser “una taza de leche”. Y aunque la mayoría de los incidentes ocurren en una parte específica del territorio nacional (la Macrozona Sur), no se puede soslayar este asunto. Por eso, es fundamental trabajar en la seguridad del país, pero sin usar esto con fines políticos (por lado y lado).
En resumen, los datos y las tendencias de los últimos diez años muestran que Chile debe poner una mayor atención al fenómeno del terrorismo, pues, a pesar de no estar viviendo una situación grave, existen ciertos antecedentes que permiten concluir que, de no enfrentar de manera adecuada este problema, la situación podría empeorar.
Evidentemente, habrá fuego cruzado, buscando responsables y mártires, pero lo concreto es que la información demuestra que no es responsabilidad de un partido político o un presidente en particular, sino del Estado chileno.
Será momento, entonces, de ponerse las pilas, dejar las peleas infantiles de lado, alejar las disputas meramente ideológicas y empezar a trabajar pensando en el bien de toda la población que vive en Chile.
Eso es, justamente, lo que se espera de los políticos.